Padres e hijos: ¿Popularidad o Madurez?

Abr 02, 2012 2 Comentarios por

Amada Tía:

¿Hace cuánto no te escribía? ¡Mucho verdad!

Tal vez es tanto lo que tengo que escribir en informes, correos y materiales de trabajo, que en los últimos años me he preocupado más por los regalos, que por las tarjetas. Tú que adoras a Chayanne, sabes que no canta en sus eventos familiares… Así que valga la distante comparación, ¿me puedes perdonar a mí el cuchillo de palo, en casa de herrero…? 🙂

¡No hay excusas! Por eso quise dedicarte unas líneas, para que sepas lo feliz que soy, porque estuviste en mi camino. No sabes cuánta huella tienes en mí, ni cuánto de lo que soy te lo debo a ti.

En los últimos días, me he dado la tarea de pensar en quiénes están en mis valores, mis hábitos, mis creencias más profundas y definitivamente tú estás… Lo mejor de todo es que estás en la sencillez de las pequeñas cosas que parecen insignificantes, pero que son determinantes con el pasar del tiempo. Mira todos los espacios que ocupas:

Estás en mi interés por realizar las labores de mi casa, además con gusto de hacerlo. Te recuerdo clarito diciendo: “Esta también es tu casa, tú también la ensucias y tiene que dolerte”. Jamás permitiste que las abuelas o mi mamá alcahuetearan “flojeras domésticas” por ser varón y no tienes idea cuánto me sirve hoy para convivir mejor en pareja. Repetías siempre: “un día tendrás tu casa y tendrás que aprender a ocuparte de ella…”

Estás en mi afán por hacer las cosas bien y repetirme a mí mismo, “primero muerto que mamarracho”. Todavía recuerdo cómo me pusiste a lavar “todos” los platos y ollas otra vez (limpios y sucios), porque lo había hecho a los trancazos, dejándoles restos de comida. Dijiste con tono de voz molesta, algo que ya sabía hasta el cansancio: Las cosas se hacen bien o no se hacen… 

Estás en mi querer a la gente genuinamente. Nunca olvidaré que una vez te pregunté si me habías traído un carrito, sin siquiera pedirte la bendición, ni saludarte. Me preguntaste: ¿Qué se pide primero? y yo respondí, insistiendo en no saludar: ¡El carrito!

En ese momento dejaste salir un comentario con tono triste: ¡Si me vas a querer por interés, entonces no te puedo dar nada! A la gente no se le quiere por interés, sino por lo que es”.

¡Si lo habías comprado! Lo guardaste y era un camioncito blanco con verde, que te había pedido (lo recuerdo clarito). Me diste la lección, la aprendí y a las semanas me lo diste. El camioncito casi tenía la frase escrita encima con tinta invisible.

Estás en mi amor por la lectura. Me comprabas las historietas de los “Banana Splits”, los cuentos de Condorito y libros para mi edad (Oliver Twist todavía está en la casa). A medida que me los iba leyendo, no había más historietas por leer, nada interesante estaba en la TV, me aburría y me decías, ¿Cómo puedes estar aburrido con tantas cosas por leer en esa biblioteca? Agarra esa enciclopedia Larousse (la ilustrada con dibujos), busca algo que te guste y léetelo. Como sabes, ¡me la leí completa! 🙂 No habría podido sobrevivir a la Escuela de Psicología en la U.C.V., sin amor por los libros.

Estás en mi afán por comprender qué sucede en el mundo. Aún tengo presente la época en la que llegaba el periódico dominguero y afanosamente pedía el suplemento de las “comiquitas” (caricaturas), como niño al fin. En una ocasión no me las diste, sino que me entregaste un cuerpo del periódico y dijiste – ¡Lee eso! – Yo puse mala cara y te dije: “Pero yo quiero ver las comiquitas”. – Sonreíste y respondiste: “Aunque la gente no tenga la oportunidad de estudiar, si lee la prensa, se informa y aprende, eso le ayuda a tener éxito. Mira a tu abuelito, sólo estudió hasta 2do grado y aún así nos pudo sacar adelante a todos. ¡Pregúntale a tu abuelo, lo que tú quieras y él siempre tendrá una respuesta… Así que tienes que aprender a leer de todo”.

El periódico se volvió en adelante un nuevo tema de conversación para interactuar… ¡Qué sorpresa descubrir en ese papel, una nueva manera sentirme atendido y escuchado!

Además, no tienes idea de cuánto “sentido crítico” me dio aprender a revisar el periódico completo.  Hoy me permite tener para mi trabajo un piso historiográfico que nadie podrá contarme, saber qué pasa a mi alrededor desde mi propio criterio y llegar a un país nuevo a buscar su periódico de mayor circulación, para adecuar mi trabajo a lo que sucede en el lugar donde estoy… ¿Ves? ¡Hasta viajas conmigo!

Estás en mi búsqueda de “cultura general” y en mi visión de estudiar para aprender, no para pasar un examen. Un domingo te tomaste el tiempo para revisar mis cuadernos y te percataste que habían tareas incompletas. Hiciste algunas preguntas básicas que debía saber en ese momento y al no poder respondértelas, me preguntaste: ¿Cómo es que sacaste buenas notas, si no te sabes esto?

Saliste y regresaste con un cuaderno “Caribe” nuevo. Me dijiste ven acá y comenzaste a escribir preguntas. Yo no entendía nada, hasta que con tono de frustración expresaste: “Vas a ir respondiendo todas estas preguntas durante la semana y todos los domingos tienes que saberte cinco (Una por día). Si no te las sabes, esa semana no vas a salir a jugar. Alzaste la voz para enfatizar,(pero sin maltratarme) y agregaste: “Dios te libre de descuidar las otras tareas del colegio”. Además la regla establecía, que era posible que me hicieras preguntas que ya me habías hecho y el requisito era el mismo…

Las preguntas eran básicas: a) Estados del país y sus capitales, b) Ubicar los estados en el mapa, c) Árbol, Flor y Ave Nacional d) Principales fechas patrias y su significado, e) Principal actividad económica de cada estado f) Nombres de los  presidentes de la democracia (hasta 1986), g) Normas de cortesía, hablante y oyente. h) Principales figuras de cada deporte noticioso y como 30 preguntas más… Sentía que te odiaba. No bastaba con las tareas y todavía tenía que hacer eso… ¡Qué fastidio!

Pero nunca me dejaste solo haciéndolo. Preguntabas constantemente cómo iba, respondías mis dudas y cuando veías que había puesto interés en aprender algo extra, hasta me dabas alguna “chuchería” (golosina). Decías: “Esto es un beneficio para ti, no para mí. ¡Ya yo me lo sé…!”

Sólo recuerdo que me pegaras una vez y ¡en verdad lo merecía!  Siempre tuviste ternura, pero nunca fuiste blanda cuando debías ser firme. En todo momento me explicaste las cosas, pero nunca me diste nada totalmente digerido, para que aprendiera a buscar y pensar por mí mismo.

Me enseñaste el valor de compartir y especialmente de pensar en los demás cuando había algo en la nevera que me gustaba. Me entusiasmaste a disfrutar actividades que no son divertidas (pero son necesarias) y me obligaste a respetar a los mayores, sólo por el hecho de ser mayores. Aún me retumban las palabras: “Puede que tu abuelita no tenga razón, pero eso no te da derecho a faltarle el respeto”.

Ya para despedirme amada tía, aún sigue vívido el recuerdo de la frase: “Si te reprendo, es porque me preocupo por ti y te quiero. El día que no lo haga, ¡preocúpate! Hoy no lo entenderás, pero algún día me darás las gracias…”

Ese día llegó hace mucho Tía y hoy es el momento de escribirlo. Llegó cuando me empezó a servir lo que aprendí y sigue apareciendo a diario, cuando me veo y observo tantas cosas de tu amor en mi forma de pensar, que me siguen ayudando a crecer como ciudadano, como pareja, como profesional, como papá… No me queda más que decirte: ¡Gracias con todo mi corazón!

El mundo necesita muchas “Aurora”, apoyando a hijos, sobrinos o estudiantes a ser mejores. Gente que como tú, se preocupen más por crear hombres y mujeres “maduros desde pequeñitos”, que por ser “populares ante sus hijos”.

Hacen falta más “Aurora” que no les importe ser queridas “momentáneamente” por ser alcahuetas, sino ser apreciadas “en el crecimiento”, por haber formado las bases que convirtieron a esos niños en adultos exitosos. Haces honor al “amor con disciplina y por la disciplina”.

Si muchas personas entendieran los valores que tú siembras, no habría tantos niños (que serán adultos) queriendo tener privilegios y derechos, que no se han ganado por cumplir deberes. Ni habría tantos “principitos y princesitas”, pensando que el mundo les debe algo o peor aún: Buscando en trabajos, parejas o instituciones, a un papi/mami que se responsabilice de lo que ellos no se hacen responsables…

Por eso fracasan tantos matrimonios y por eso se estancan tantos adultos…

Tuve la mejor infancia, porque estuvo una mamá excepcional, apoyada por una Tía Aurora increíble. Creo ser un hombre de bien, porque tuve gente en mi vida que como tú, prefirió la madurez en la crianza, aunque no necesariamente fuera popular…

Una carta no alcanza, para agradecer tanto…

¡Te amo tía!

Tu orgulloso ahijado / sobrino.

Gaby

 

Gabriel Ruda – Conferencista Internacional

www.gabrielruda.com

Twitter – Instagram: @GabrielRudaPino

Familia y Relaciones

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2 Respuestas to “Padres e hijos: ¿Popularidad o Madurez?”

  1. Maricarmen Guevara says:

    Educar y pregonar con el ejemplo solo lo pueden lograr aquellos que aman y tienen conciencia de la trascendencia que puede tener su legado en Vida!! Y tu eres un ejemplo a seguir Gabo, un abrazo y felicidades!!

  2. Gabriel Ruda
    Gabriel Ruda says:

    Muchas gracias querida Mary! Parafraseando a Isaac Newton: Si pude ver lejos, fue porque pude pararme en hombros de gigantes. En mi historia ha habido muchos gigantes que me han prestado sus hombros, a veces para subirme en ellos, a veces para llorar, otras para apoyarme y otras para poner los brazos y recibir un abrazo!

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