¿Hasta dónde debe haber igualdad?

Oct 15, 2014 no hay comentarios por

 

¡Allí estaban! Matías y Baltazar de 13 y 12 años. El primero, contaba lo que había hecho en casa de su abuela. El segundo hablaba de su viaje a la playa. 

 

Pregunté: – ¿Y eso que Maty no fue a la playa? -Matías interrumpió: – Lo que pasa es que yo no cumplí con los acuerdos para ir al viaje este año.

 

Mariela, su madre, me llamó a la cocina, cerró la puerta y me dijo, ¡No sabes lo difícil que fue… El año pasado fue lo mismo, hicimos acuerdos que Maty no cumplió y aún así nos fuimos todos de vacaciones. Allá me prometió que sería distinto, hablamos muchas veces después y sin embargo nada cambió.

 

“Si Maty no pudo aprender por consciencia, aunque le damos todo para apoyarlo (recursos, diálogo, etc.), pues es su decisión aprender de las consecuencias acordadas”.

 

El año pasado quise tratar con “igualdad” las vacaciones de mis dos hijos. Este año no era lo “justo”. Balty se esforzó en todas sus materias, hasta en las que no le gustaban y pidió profesor para matemáticas. Con Maty, hubo conversaciones, recursos y apoyo. Es brillante, pero eligió no dar lo mejor de él y se incumplió lo que acordamos.

 

Sé que me vas a decir que aún hay mucho diálogo por delante, pero es importante que aprendan que existe una relación decisiones / consecuencias, que es parte de la vida. ¡Quedarse, fue su decisión!

 

El mundo les va a exigir resultados como parejas, trabajadores, padres o lo que sea… Deben aprender que allí no estaremos Andrés y yo para “excusarlos”, sólo porque los amamos o porque nos sentimos culpables.

 

Es mi deber darles “igualdad” en la calidad de ropa y de zapatos que les compro, en los recursos para la escuela, la comida, el uso de aparatos de la casa y en la cantidad de atención y cariño que les doy. Sin embargo:

 

El mundo funciona con base en esfuerzos, que si bien se pueden reinventar y hacerlos placenteros e inteligentes, son esfuerzos al fin.

 

Quiero que sientan, que los trato de forma personalizada en sus avances, sus desafíos, sus hábitos, sus espacios para descubrirse y sus dificultades.

 

Hemos abierto diálogos y hacemos acuerdos justos, donde ellos saben que hay un “dar” y hay un “recibir”… No es fácil, porque hay que estarles comunicando constantemente que los amamos por lo que son, no por lo que hacen. Es decir, que los acuerdos, sólo establecen límites y aclaran las consecuencias de sus decisiones.

 

A veces la diferencia no se ve fácilmente, nos cuesta, por eso los acuerdos son revisables y jamás condicionamos el amor ante sus decisiones.

 

Maty me hizo una falta inmensa, no sé quién extrañó más, si él o yo. Te confieso que me sentí culpable en algún momento, pero me tranquilizaba al saber que fue él quien dijo, “mami yo sé que no es un castigo, fui yo el que no cumplió”. ¡Esto no me va a pasar otra vez el año que viene…!”

 

No me desconecté de él. Hablamos varias veces al día, todos los días y hasta incentivé a Balty a que lo llamara. Que no le hiciera sentir celos, sino que le dijera cuánto lo extrañábamos y lo queríamos.

 

Estaba tranquila, con mi mamá estaba en buenas manos y todos con esto que pasó, estábamos creciendo.

 

No sé si fue lo mejor, pero ya hay un cambio de actitud. Yo sigo aprendiendo a ser una mejor guía para mis hijos y ellos a entender que la vida no siempre va a ofrecerles “igualdad” incondicional, sino que los beneficios, dependen de la consciencia de sus decisiones y correspondientes acciones, para acceder a lo que más les importa.

 

¿Qué opinas? Cuéntame qué te parece esta historia…

 

¡Nos vemos en cada sueño por construir!

 

Gabriel Ruda – Conferencista Internacional

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Familia y Relaciones

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