¿Gente Competente o gente competonta?

Feb 19, 2010 no hay comentarios por

Eran las 3 de la tarde de un día cualquiera de vacaciones a principios de los 80´s y la abuela como siempre miraba las telenovelas que empezaban justo después del noticiero y se extendían al menos hasta las 4 de la tarde.

Él contaba con 5 años, ella sólo con 4 y daban vueltas por todo el apartamento de 90 metros como un ciclón, buscando qué hacer hasta tanto empezaran las “tardes felices”, que era como se llamaba el set de dibujos animados del canal más popular.

Ya los juguetes no mataban el aburrimiento y las historietas de “Condorito” casi podían recitarse sin abrirse. Ella, empieza a hurgar entre los libros de la vieja biblioteca, encuentra un libro para pintar, recortar, armar y dice ¡MIRAAAA!… El sonrío y a partir de allí, cargados con creyones de cera, marcadores de la tía, tijera, pega y hojas blancas, comenzó un “pasatiempo” que terminó siendo más fuerte que Tom y Jerry  en la Tv.

Como a las 6:30 pm, llegan el abuelo y el padre, azotados tanto por el tráfico infernal de la Caracas previa a la existencia del Metro, como por el viejo Dodge Dart, cuyo aire acondicionado duró lo que dura un suspiro en una hamaca.

Suenan las llaves entrando en la cerradura y como si todos los niños en todas las épocas fueran iguales en ciertos aspectos, salieron corriendo, obra de arte en mano a ganarse la aprobación de los recién llegados…

Todo había sido divertidísimo, aunque las piezas estaban recortadas con espacios sobrantes, los trazos habían sobrepasado en más de una parte la línea del dibujo, la hoja blanca exhibía manchas de color no planificadas en varias partes y el pegamento era más de lo que cada pieza necesitaba…

El abuelo con amor, les dice “están lindos los dibujos, pero… ustedes pueden hacer algo mejor que esto”, los niños cabizbajos, comienzan a escuchar al abuelito hablar de excelencia al hacer las cosas y justo en ese momento luego de muchas cosas dichas, lanza la frase que les haría un tatuaje moral para siempre:

“No importa lo que hagan, así sea siendo barrenderos, tienen que ser los mejores”.

Pasaron los años y la misma frase se repetía una vez tras otra  al lavar los platos, hacer las tareas, ir a las clases de danza o de futbol.

Ambos se convirtieron en estudiantes sobresalientes y pronto llegó el momento de demostrar lo propio como profesionales. Tenían el talento, el conocimiento y la voz del abuelito en la cabeza sonando: “No importa lo que hagas, tienes que ser el/la mejor.

Luego de muchas entregas de curriculum, varias entrevistas y varias decepciones, cada uno encontró un espacio en un buen trabajo, sin embargo, por alguna extraña razón, no lograban el mejor desempeño y aprovechamiento de aquello que vio el contratante. ¿Qué era lo que estaba fallando?

¿Por qué estos buenos estudiantes y talentosos profesionales no lograban cumplir al máximo con sus objetivos individuales y colectivos?

La respuesta está, en lo que les enseñó el abuelo…

En el afán de demostrar que eran los mejores, evitaban hacer preguntas, porque en su esquema mental, la gente competente no pregunta, actúa. En esa búsqueda de ganar aprobación rápida, en lugar de trabajar para el logro del equipo, ejecutaban para lograr brillo individual y ante la presión de los otros competentes que también querían ser los mejores, terminaban guardándose información estratégica, retrasando decisiones importantes, hasta tanto fueran ellos quienes pudieran tomarlas. Resaltaban con maltrato y con creces los errores de los demás y callaban deliberadamente ante el buen trabajo de los otros…

Tristemente los valores inculcados por el abuelo se tergiversaron y en lugar de ser la base para ser más competentes se convirtieron en COMPETONTOS…

Así como no fueron capaces de trabajar como equipo en el liceo y terminaban haciendo los trabajos ellos, así siguieron hasta la adultez y por eso, ahora que su vida es más compleja: o no logran resultados o cuando los logran, lo hacen con un desgaste enorme…

En este mundo actual con tantas complejidades, todos necesitamos hacer preguntas y aceptar preguntas a veces obvias, que por la rapidez a veces damos por sentado que están claras y no lo están.  Es tonto perder 5 días de re trabajo que pudieron evitarse con 5 minutos de preguntas, pero para los COMPETONTOS, eso es perder el tiempo y casi pueden mirar con cara de brutos a quienes lo hacen… Paradójico ¿no?

Creo en lo que dice el abuelo, visto desde la perspectiva de trabajar para ser mejor siempre, pero hay que estar alerta para RECORDAR DISFRUTAR EL AQUÍ Y EL AHORA, porque podemos caer en una visión “competonta” de “insuficiencia permanente” de lo que hacemos y hacen los demás, creando un ambiente de frustración que no ayuda a mejorar las cosas…

Casos como esos, existen en cientos de organizaciones, orquestas y equipos deportivos, por mencionar algunos ejemplos.

Es por eso que Kobe Bryant, fue un COMPETONTO, que ganó todo lo que se podía ganar individualmente en el baloncesto, sin embargo, nunca logró un solo campeonato, hasta que aprendió a escuchar las preguntas y quejas de su equipo, a jugar como colectivo, disfrutar más el juego, valorar el esfuerzo de todos y además reconocerlo personal y públicamente, entre otras cosas.

Se puede ser más competente, si se aprende a serlo colectivamente y crear un ambiente ameno que lo expanda para todos, aún con la familia o los amigos, si no, sólo eres un competonto. Sé que no es tarea fácil, pero la conciencia del tema, es un buen comienzo….

¿Y tú, eres un competonto en algún área de tu vida?

¿Qué esperas para hacerlo diferente?

Nos vemos en cada sueño por construir y en cada abrazo con el corazón

Gabriel Ruda – Conferencista Internacional

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