El verbo gastado…

Sep 16, 2010 2 Comentarios por

Hace algunos día hablaba con una amiga y reconozco que quedé en shock, cuando me dijo que no le gustaba ver películas, porque en su parecer era una pérdida de tiempo ver historias ficticias.

Sin entrar en detalles, reconozco que por lo mucho que disfruto el asunto, el comentario fue una confrontación directa entre: mi necesidad desenfrenada de entusiasmarla con mis razones, versus el entrenamiento racional (humanamente falible), de dejar al otro ser como quiera ser.

Lo simpático, es que cuando creí haber trascendido el asunto el día que alguien me dijo que no le gustaba el chocolate y casi me infarto :D, vuelve otra vez la misma sensación.  Creo que es una tendencia espontánea y natural, defender aquello que nuestros sentidos más disfrutan. Como dicen los mexicanos ¿a poco no? Al final venció el silencio y no hice ningún esfuerzo para rebatir su parecer.

En mi caso, me fascina ver películas para ver algo que me haga “click” en algún tema que estoy analizando para mis conferencias, para retratarme en alguna escena en la que pareciera que el que estuvo en la película metiendo la pata fui yo y no el actor, para sorprenderme percibiendo algo que no había visto de la forma como lo vio quien escribió el guión o para emocionarme porque ilustra algo interesante y valioso, que la puesta en escena lo representa mejor que cualquier palabra.

En este caso, la película que me trae a escribir es “Love Happens” con Aaron Eckhart y Jennifer Aniston. Esta, básicamente narra la historia de Burke Ryan, un popular  autor de libros de autoayuda, que enseña cómo enfrentar el dolor de una pérdida, pero que inesperadamente confronta su incongruencia con lo que predica, cuando la vida lo lleva ineludiblemente a dar unas conferencias en la ciudad donde vio morir trágicamente a su esposa…

Más allá de la crítica a su calidad cinematográfica, (la cual no es mi trabajo), resultó interesante para mí, porque refleja a plenitud el momento actual que vivimos, donde estamos inundados de ideas o teorías grandilocuentes para lograrlo todo, libros bien mercadeados sobre temas de desarrollo personal, conferencistas entusiastas con verbos impecables y la satisfacción que mucha gente tiene por lograr reconocimiento y símbolos de estatus, mientras viven un tremendo vacío y bajones serios de ánimo, cuando se quedan en soledad consigo mismos o cuando deben estar en un contexto donde sus trofeos y reconocimientos no les protegen…

Creo firmemente, que nadie es 100% congruente y todos podemos caer en algún nivel de contradicción entre lo que decimos ser y lo que hacemos, porque el proceso de auto encuentro con la claridad no termina nunca y porque somos seres en permanente transición, que en algún momento podemos mostrarnos distintos a nuestras ideas o cambiar de parecer con relación a un tema particular del cual creíamos estar convencidos.

Por ello, lo ilustrativo de la película fue que Burke (el personaje), buscaba aferrrarse al “conocimiento” para aliviar el dolor de ver morir a su esposa y en cierta medida parecía que lo había logrado, mostrando una imagen de paz, sosiego y éxito. Sólo que no reconocía, que “escondía” el síntoma de la tristeza a base de frases “cliché”, pero en lo más profundo de sí, el dolor seguía allí, latente, profundo y más vivo que nunca.

Su gran cantidad de herramientas, por demás válidas, no lograban generar la plenitud interna. ¿Por qué?, porque es imposible lograr cambios verdaderamente plenos, si no pasamos por el proceso de transformación emocional que estos llevan consigo, con su perdón, su auto redención, el duelo por lo que se extraña, la reverencia a lo que siento y el proceso de conciencia y auto observación detrás de lo que pasa. En donde vale la pena mencionar una vez más, que con frecuencia hace falta un psicólogo para pasarlo y eso no nos hace débiles, al contrario…

No importa si se trata del tema de trascender la pérdida de un ser querido, constituir un equipo de alto desempeño, convertirnos en vendedores de alto rendimiento, volvernos mejores líderes en una empresa o ser mejores padres. La trascendencia de cualquiera de las herramientas disponibles para serlo, está en ese proceso de contacto con ese lado emocional, que es el que logra conectar a los miembros del equipo entre sí, que logra que la gente se sienta impulsada genuinamente y que conecta a un cliente con una sensación de confianza para firmar el acuerdo y que no puede ser descrita o explicada, sólo puede ser sentida.

Respeto tremendamente el trabajo de otros, no obstante, ejerzo con asertividad mi derecho a mantenerme al margen de aquellos expositores o escritores que me muestran enfoques meramente racionales y que no pasan personalmente por el proceso interno de sus temas. Contrariamente, soy tremendamente reverente ante aquellos que incluso son capaces de desnudar sus heridas, sus sombras y no temen hablar de su vulnerabilidad y el trabajo personal profundo para salir adelante respecto a esto.

Es como leer un libro sobre sexualidad que diga que: “morder las orejas, arañar la espalda y dar nalgadas” es la fórmula perfecta para tener una sexualidad perfecta. El sólo hecho que yo mencione este ejemplo puede ser chocante ¿verdad?, porque sabemos que en este tema, el reto está en aprender a fluir emocional y corporalmente con tu pareja, que no hay fórmulas únicas generalizables y que además hay momentos que no tienen que ver con la perfección según un modelo…

Lo mismo sucede con cualquiera de los temas en los que buscamos aprender a diario: No hay recetas!

Es por eso que siempre verás en una de nuestras conferencias o talleres, un espacio de contacto con el “yo” y si es un equipo con el “nosotros”. Bien para hablar de lo que no se habla, para contactar lo que se ha olvidado, para enfocar lo que les mueve la fibra y para conectar el corazón con la razón, para que no quede todo en un verbo gastado que sólo se gana un aplauso y que por el contrario, logre que haya cambios posteriores…

El conocimiento racional es un muy buen comienzo, no puedo negarlo. Sólo que sin importar que tan buena sea la idea, que tan reconocido sea el autor o que tan probada sea la teoría que la sustenta, sólo hay posibilidades de transformación profunda, si creamos el espacio para que sea “vívido” y nos conecte con lo que nos duele, nos preocupa, nos entusiasma, nos consterna o nos asusta de ese conocimiento y en lo posible que pase por el fuego interno de la búsqueda de congruencia, que siempre será “pseudo congruencia”…

Quizás sea por eso que muchos profesores que enseñan sobre “inversiones” estén con sus saldos financieros casi en rojo, muchos médicos tengan una pésima salud y muchos psicólogos no sepan que hacer con sus propias vidas…

La mayoría de mis clientes, están cansados de los verbos gastados sobre “qué” hay que hacer, así como de los conocimientos idealistas, por eso cada vez estoy más ávido de los “cómo” y de los procesos. Para vivirlos yo y para dárselos a esos clientes… Puede que sea más lento, pero a largo plazo, es más fructífero!

Yo estoy ahora mismo evaluando el mío… En tu caso, ¿Hay algún verbo gastado y que necesite profundidad emocional, como le pasó a Burke?

Nos vemos en cada sueño por construir y cada abrazo con el corazón

Gabriel Ruda – Conferencista Internacional

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2 Respuestas to “El verbo gastado…”

  1. WENDY says:

    me encanto este articulo gabriel….muchas felicidades!!!!!…..tienes una forma tan especial de enseñar…

    y muchas gracias por compartir tus conocimientos que seguramente le serviran de mucho a muchisimas personas =D AL IGUAL QUE AMI….

    SALUDOS

  2. Dana GoGo says:

    Quiero reconocer que este ha sido uno de los artículos que más me ha impactado, de muchos que he leído, y es precisamente porque muestra la más desafiante de la tarea de la vida, aceptarnos, perdonarnos y conservar el aprendizaje y su expansión interna.

    La verdad es mirar con los ojos abiertos, aceptar que las cosas son como son, pero es precisamente lo que menos hacemos, dibujamos constantemente nuestras verdades para “no sufrir”, pero que pequeños ilusos somos, la vida siempre se encargará una y otra vez de llevarte a esa puerta, la de la transformación y el crecimientos, dentro del marco más retador : esta puerta no siempre es evidente como para observarla y mucho menos alejarse de ella.

    Nuestro mayor tesoro es reconocer que Dios no hizo nada despreciable, nos ama incondicionalmente y valemos mucho como personas aún cuando hayan partes de nuestra vida que podríamos mejorar, y que está sólo aun paso: Decisión. Y a mi juicio la vida sin fallas no es vida, pues paradójicamente el equilibrio de ésta muchas veces se apoya en su propio desequilibrio.

    Hermoso relato, sentida película con un emotivo final desde el corazón y muy inspirador, pero como no ser así, si es un final de película.

    Gracias por esta reflexión, enriquece mucho.

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